viernes, 14 de agosto de 2009

La buena medicina es cara...

Remedando a Marx, que decía algo así como que "...la vida buena es cara, la hay más barata, pero esa no es vida..." -perdón, para los no iniciados quiero aclarar que me refería a Marx Groucho, por supuesto- Refiriéndonos al tema asistencial y médico, podríamos asegurar que "...la medicina buena es cara, la hay más barata, pero eso no es medicina..."
Y ¿que tiene que ver esto con el tema que nos ocupa de forma monográfica en este blog que es la TMA?, se peguntará más de uno/a.
Pués muy fácil, que cualquier tipo de asistencia, y más aquellas que están directamente relacionadas con la salud, es cara. Terriblemente cara y, habitualmente -queriendo y sin querer- tenemos la humana manía de liar las cosas lo suficiente como para encarecerla aún más.
No se si me explico, pero voy a por ello.
La telemedicina, las diferentes formas asistenciales que se pueden gestionar a través de internet y gracias a las TIC podrian, si se aplican sin temores ni reservas vanas, contradecir de forma terriblemente escandalosa la sentencia que nos ha inspirado Marx: "La medicina, para ser buena, no tiene porque ser tan cara..."
Veamos hasta que punto puede ser cierto eso de cómo podemos liar las cosas y hacerlas más caras que dice Teresa González, presidenta de la organización Médicos del Mundo, que "...en los últimos tiempos y sobre todo debido al creciente endeudamiento de los Estados por la crisis, la tendencia de la privatización de la sanidad arrolla a los sistemas públicos". Añade Teresa que esta "...ola privatizadora comenzó en América Latina, donde se presentó como una forma para mejorar la gestión de los servicios, mientras el Estado actuaba como controlador."
De sobras es sabido como están los sistemas de salud en Latinoamérica. Lo curioso del caso es que "...el modelo fue impulsado por las instituciones financieras internacionales, siguiendo la imagen del débil sistema de salud de estados Unidos. Un sistema que actualmente deja sin cobertura sanitaria a 47 millones de personas, y eso a pesar de que es el país que, a nivel mundial, tiene un mayor gasto sanitario".
La moraleja inmediata seria que no lo más caro es lo mejor.
Curiosamente, ahora que en USA se están planteando un modelo sanitario público universal y, digámoslo así, el coloso se mira en el espejo europeo para conseguirlo; en países como el nuestro tal vez no estamos haciendo del todo bien nuestros deberes porque, según un documento de la Asociación para la defensa de la sanidad Pública, "...el sector público español cubría, en 1980, el 81% del gasto sanitario anual; en 2005 esa cifra se redujo al 70%. Lo cual quiere decir que el sector privado ya representa el 30% del gasto sanitario..."
Los que somos defensores a ultranza del sistema público de salud y hemos constatado en nuestras carnes su efectividad, conocemos bien aquel dicho que ya es popular: "¡Si tengo algo grave que me lleven a un hospital público!". Y no se equivoca quien así piensa porque la gestión sanitaria no se puede regir por las leyes de mercado. Si así fuera, ¿que ocurriría con la medicina preventiva, las enfermedades crónicas o los sistemas de vigilancia epidemilógica? ¿Podrían los sistemas privados hacer frente a los grandes retos mundiales de epidemias como la gripe A? ¿Y que ocurre cuando los hospitales dejan de ser rentables? La ingente cantidad de dinero que los estados tienen que invertir para rescatar a centros de gestión privada que quiebran ha sido denunciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Dice Teresa González que "...la salud como derecho humano fundamental no debería comprarse ni venderse, sino garantizase y defenderse. Sólo los sistemas públicos pueden garantizar la salud de las personas más pobres y enfermas. La gran tentación es crear estructuras estatales sólo para pobres, tal como sucede en América Latina y como ocurria en españa cuando existía beneficencia. Unas estructuras que están mal dotadas, peor atendidas y en las que el paciente ni siquiera tiene derecho a reclamar porque, en el fondo, son estructuras de caridad".
Después de éstas reflexiones sobre la sanidad entendida como negocio, y retomando el hilo del gran coste económico que conlleva una buena sanidad. Desde esta plataforma queremos reivindicar el derecho a una gestión sanitaria diferente y más eficiente. Estamos ante un cambio posible. Nuestros centros sanitarios reunen todo lo necesario. Nuestros profesionales -lo están demostrando cada día- están a unos niveles de capacitación superior, pero hay escased.
Tenemos uno de los mejores sitemas de salud de mundo y, en muchos aspecto somos el modelo a seguir, pero eso no evita que no seamos lo suficientemente valientes como para plantearnos el cambio que haga posible la mejora TIC, que es lo nos puede catapultar al frente de la imnovación de forma definitiva.
La buena medicina puede no ser tan cara, y tal vez podamos decir, remedando a Marx, que hay otra, más barata y mejor: La TMA.

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